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La juventud

la juventud cartel

Hace casi 3 años el italiano Paolo Sorrentino sorprendió al mundo cinematográfico con su película “La gran belleza” (“La grande bellezza, 2013), una obra maravillosa en todos los aspectos, visual , compleja, bella, con un personaje principal que ya pertenece a la historia del cine con mayúsculas. Ahora llega a nuestras pantallas “La juventud” (“La giovinezza” 2015) la cual se ha convertido en una de las mayores decepciones que he experimentado en mucho tiempo, casi tanta como hace 12 meses con “Whiplash” (2014, Damien Chazelle), tanto por la baja calidad de la película como por las altísimas expectativas con las que fui a verla, a pesar de haber leído alguna que otra crítica negativa.

El argumento es el siguiente: un director de orquesta retirado Fred Ballinger (Michael Caine) y su hija Lena (Rachel Wesiz) están de vacaciones en un lujoso balneario de los Alpes suizoa. Allí también pasa unos días su mejor amigo Mick (Harvey Keitel), un director de cine que intenta finalizar el guión de su próxima película y un famoso actor (Paul Dano) que se prepara para interpretar un papel en una película.

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Como amante del cine esteticista, estaba seguro que esta nueva incursión del director italiano por los mismos temas que su anterior película me iba a encantar, pero el resultado ofrecido es simplemente ridículo, impropio de un director de su talla. Ya me llamaba la atención el uso de un cartel tan efectista para promocionar un film que, tras verlo, parece estar pidiendo a gritos que no se le juzgue severamente.

Sorrentino intenta jugar las mismas bazas que en su anterior película, presentando en este caso a dos personajes un poco más mayores que el protagonista de su anterior film, el inolvidable Jep Gambardella. Sin embargo, aunque los temas a tratar sean casi los mismos: la futilidad de la vida, el paso del tiempo, la muerte, la creación artísitica o los amores de juventud, el resultado que se nos ofrece en pantalla es de una calidad muy inferior al visto en “La gran belleza”. Si me repito tanto en la comparación entre una y otra película es únicamente por el hecho de que el mismo director da pie a ello al intentar hacer una copia barata de su gran obra.

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En el caso que nos ocupa, casi nada funciona como debiera. Las situaciones y los diálogos son tremendamente simples y previsibles, suponiendo un juego demasiado fácil para el espectador saber lo que va a pasar al final de cada escena. Escenas que son meros sketches unidos entre sí, de forma torpe y deslavazada, por bellas estampas del exterior del balneario o por tomas rebuscadas de las actividades dentro del mismo. Sin embargo no se percibe ningún vigor narrativo en el desarrollo de la historia, de tal forma que se me pasó por la cabeza durante el visionado del film compararlo con alguna de esas series de televisión, en las que se limitan a juntar un grupo de escenas que pretenden ser cómicas, sin ningún nexo de unión entre ellas.

Todo parece forzado, pretencioso, ni siquiera el enorme plantel de interpretes formado por Weisz, Caine y Keitel, a los que hay que sumar a Paul Dano, son creíbles en la mayoría de las escenas. Todo es una mera repetición de temas, ideas y personajes respecto a su anterior film, pero sin que podamos percibir el arte que disfrutamos hace un par de años.

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El trabajo de Sorrentino como director es muy pobre para lo que nos tiene acostumbrado. El film está trufado de bellas estampas de las montañas suizas. Estmapas que,  con el paisaje que tenía a su disposición y la calidad de las cámaras actuales, no son en absoluto difíciles de conseguir. La puesta en escena no es nada original y los movimientos de cámara no transmiten la emoción necesaria, al igual que el resto de elementos del film.

Se abusa y mucho de la música para llenar el vacío argumental presente en la cinta, música que además en la mayoría de los casos no aporta nada y que a veces incluso llega hasta a molestar porque interrumpe el normal desarrollo de los acontecimientos. Esto es quizás lo peor que se puede decir de una banda sonora y me cuesta mucho tener que decirlo, pero es así.

No quiero seguir hablando de esta película, me duele y mucho, por lo mucho que esperaba de ella y porque no hubiese sido nada difícil construir algo bastante mejor con un poco más de ganas por parte del máximo responsable del film. Sorrentino ha construido una mentira, una farsa, una especie de remake cutre de su anterior película. Esperemos que su talento no se haya agotado, quizás sea él mismo el que necesita una cura de reposo en el balneario suizo que aparece en “La juventud”, si hace falta una colecta yo me apunto.

Gabriel Menéndez Piñera

 

 

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