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Rebelión a bordo

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Que el cine no es una ciencia exacta es algo que no tiene discusión, a pesar de que hay unas cuantas fórmulas que pueden predecir (tras numerosos experimentos) un cierto éxito en unos tipos determinados de películas (comedias románticas, terror, animación, etc) nadie es capaz de predecir antes de su realización, si una película va a ser un éxito o un fracaso económico. La razón principal es que en las grandes producciones es imposible saber si el presupuesto proyectado para un film va a cumplirse o, por el contario, se va a duplicar por diferentes razones. Así mismo no se puede predecir la reacción del público ante una fórmula que, quizás por muy repetida, ya no atraiga a la gente.

Este es el caso de “Rebelión a bordo” (“Mutiny on the Bounty”, 1962), película de la Metro Goldwing Mayer que se iba a convertir en la nueva “Ben-Hur” (1959, WIlliam Wyler), es decir una película épica con grandes dosis de realismo y belleza en sus imágenes y con una gran estrella cinematográfica como Marlon Brando encabezando el proyecto. Todo lo cual tenía que conseguir llevar a la gente hasta los cines alejándola de la, cada vez más competitiva, televisión. Sin embargo diferentes causas hicieron que el coste de este film se elevase a la increible cifra de 24 millones de dólares de la época, algo imposible de recuperar, a pesar del relativo éxito del film y que casi hunde al estudio del león.

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El argumento nos cuenta la historia (basada en hechos reales) de la travesía que la fragata “Bounty” realiza  a finales del siglo XVIII desde Inglaterra hasta Tahití con el objetivo de transplantar esquejes del llamado arbol del pan, cuyo fruto creen que puede servir como alimento barato destinado a alimentar a los esclavos de las colonias británicas. Esta misión se convierte en una obsesión para el capitán William Bligh (Trevor Howard), el cual no duda en aplicar castigos físicos a sus subordinados con tal de llegar cuanto antes a su destino. Esto hace que más pronto que tarde se enfrente a él el segundo de a bordo, Fletcher Christian (Marlon Brando), el cual a su llegada a Tahití comenzará una relación amorosa con Maimiti (Tarita), la hija del reyezuelo local.

Muchos fueron los problemas que asolaron a esta producción, empezando por el guión de la misma. Un primer borrador fue rechazado por Brando, el cual no quería que la película  fuera una simple copia de la versión realizada en 1935 con el mismo título, dirigida por Frank LLoyd  y protagonizada por Clark Gable y Charles Laughton, basada en la misma historia, la cual fue un tremendo éxito de crítica y público.  Los cambios llevados a cabo en el guión llevaron varios meses, de tal forma que con el equipo de rodaje ya establecido en Tahití no existía aún un guión definitivo.

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Otro problema fue la construcción de la réplica del “H.M.S. Bounty” mayor que el original (para poder colocar y mover las cámaras), el cual tardó dos meses más de lo previsto en llegar a Tahití, debido a que casi se hunde varias veces y se incendió en dos ocasiones. Para cuando se pudo empezar a rodar en las paradisiacas islas era el mes de diciembre, con el consiguiente mal tiempo de esa época. Las lluvias y los vientos estuvieron a punto de volcar varias veces la réplica de la Bounty y retrasaron de nuevo el inicio del rodaje. También tuvieron que sufrir enfermedades tropicales y gran parte del equipo cayó víctima de las enfermedades venéreas tras sus intensas relaciones con las nativas de la isla.

Sin embargo el mayor problema de todos tiene nombre y apellido: Marlon Brando. El genial actor, se erigió en dueño y señor de la producción haciendo lo que le venía a su antojo, cambiando diálogos sobre la marcha, celebrando orgías nocturnas en las playas de Tahití o teniendo disputas con el resto de los actores, principalmente con Trevor Howard y  con un joven Richard Harris. También fue la causa de que el director elegido para la película, el británico Carol Reed fuese sustituido a mitad de producción por el veterano Lewis Milestone, el cual se convirtió en un pelele en manos del temperamental actor.

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Otro contratiempo ocasionado por Brando fue que durante el tiempo que duró el rodaje aumentó su peso en unos 20 kilos, con el consiguiente trabajo por parte de vestuario y fotografía para intentar disimular su cuerpo en los ajustados trajes de la época. Así mismo los excesos a los que sometía su organismo durante las noches hacían que llegase con un aspecto lamentable al set por la mañana y que necesitase de grandes letreros para poder acordarse de sus diálogos los cuales, de todas formas, cambiaba a su antojo.

A pesar de todo y a pesar del falso acento británico que nos muestra Brando durante el film, éste consigue realizar otra portentosa actuación. En ella se pueden observar los conflictos internos que van poco a poco asolando al personaje que representa, el cual sostiene una lucha constante entre el respeto a la jerarquía de mando y el asco que le supone las injusticias que comete su capitán con la tripulación del barco. Así, el talante de Fletcher Christian ante lo que sucede va pasando de la socarronería al cinismo y finalmente a la ira.

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Con todo lo dicho anteriormente, parecería imposible que de este proyecto hubiese salido una buena película, pero milagrosamente así fue. “Rebelión a bordo” en su versión de 1962 no es una obra maestra, pero es una buena película de aventuras con escenas realmente bellas, espectaculares  y bien realizadas, tanto a bordo del barco como en las islas paradisiacas. La fuerza de las imágenes que aparecen en el film sólo tiene un competidor dentro del mismo, éste es la excelente interpretación llevada a cabo por todo el reparto.

De Brando ya comenté que su labor es excepcional como siempre, llenando la pantalla como pocos han sabido hacer, pero es que su rival en la película, el inglés Trevor Howard realiza una caracterización prodigiosa como el demente capitán del barco. Así mismo, tanto Richard Harris como el resto del elenco que interpreta a los marineros de la nave resuelven con gran solvencia sus respectivos papeles. Si a todos ellos sumamos la increible belleza y naturalidad de Tarita como la joven nativa que se enamora de Fletcher Christian nos encontramos con una de esas películas que a pesar de tener casi tres horas de duración uno no se cansa de ver a lo largo de su vida.

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Si hay algo de lo que adolece el film es de un guión más sólido, más profundo y de una dirección con más personalidad que la que nos muestra Lewis Milestone (incluso Brando llegó a dirigir algunas de las escenas de la película). Sin embargo el resultado final no nos muestra todos los problemas que supuso esta enorme producción de Hollywood, una de las últimas de su estilo creadas en la fábrica de sueños.

En los años ochenta se volvió a insistir con la misma historia con la película “Motín a bordo” (“The Bounty” 1984, Roger Donaldson), protagonizada por Mel Gibson y Anthony Hopkins, cuyo resultado final se podría calificar, siendo amable, de decepcionante.

Lamentablemente no existe ahora mismo en formato doméstico ninguna edición de la versión de 1962 de la que estoy hablando. La edición en dvd está descatalogada y de momento no hay noticias de su salida en formato Blu-ray. Si está disponible en este formato la versión de 1935 con el título de “La tragedia de la Bounty” y con una excelente calidad de imagen.

Gabriel Menéndez

 

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