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La habitación

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Cuatro paredes, una claraboya, una mesa, una cama, un armario, una puerta, una televisión y tu madre, esa es toda tu vida tras cinco años. Piénsalo por un momento, piensa que no conoces nada ni nadie más, no has visto a otros niños, ni animales, ni el mar, ni las montañas, ni siquiera un edificio. ¿Cómo sería tu mente?. ¿Cúal sería tu percepción del mundo y de la vida?. Estas y otras cuestiones igual de apasionantes son las que nos plantea el director Lenny Abrahamson en su última película “La habitación” (“Room”, 2015).

En ella, se nos narra como Jack (Jacob Tremblay), un niño de 5 años, vive secuestrado junto a su madre (Brie Larson) en una habitación. Ella lleva siete años encerrada, pero Jack nació allí, por lo que es lo único que conoce en el mundo. A sabiendas de que no podrán aguantar mucho más tiempo esta situación, la madre idea un plan para escapar de su captor, sin embargo la libertad no traerá consigo una vida mucho mejor para ninguno de los dos.

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La película transmite emoción y verdad a partes iguales de manera mayestática. Esto lo consigue a través de una pareja de actores en estado de gracia y a una puesta en escena que mete al espectador literalmente dentro de la piel y del cerebro del niño protagonista.

El guión ha sido realizado por la escritora Emma Donoghue, el cual está basado en su propia novela. Así mismo, dicha novela se inspiró en sucesos terriblemente reales acaecidos hace pocos años en Austria, lo cual nos vuelve a demostrar que la realidad supera muchas veces a la ficción más cruel. Donoghue crea un guión en el que no falta detalle alguno sobre la psicología del niño y de su madre, recreando todas las situaciones y cuestiones con las que tienen que lidiar ambos personajes durante y después de su encierro forzoso. Así mismo los diálogos entre ellos están llenos de matices y complicidad, para evitar al niño enfrentarse a la dura realidad a la que está sometido.

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Si por algo destaca este film es por el increíble trabajo realizado por la pareja protagonista. Madre e hijo, transmiten una química realmente inusual y realizan una actuación naturalista que, en el caso sobre todo del niño, llega a asustar. Si Brie Larson ha sido justa merecedora del Oscar a la mejor actriz protagonista, llama poderosamente la atención que Jacob Tremblay no haya sido siquiera nominado por una actuación que supera todas las expectativas posibles puestas en un niño que tiene ahora 9 años. Su manera de caminar, de mirar, de escuchar, de protestar, de no entender lo que sucede, de moverse por territorios hasta ahora desconocidos para el personaje, pero no para el actor (esa escalera) hizo remover en mi interior sensaciones que muy pocos actores hasta la fecha habían logrado sacar a flote.

El tercer protagonista del film es su director, el irlandés Lenny Abrahamson, el cual tras sorprenderme muy gratamente hace ya 12 años con su primer film “Adam and Paul” (2004), hacía tiempo que le había perdido la pista. Curiosamente dicho debut en el largometraje fue premiado en el Festival Internacional de cine de Gijón con el galardón al mejor actor, de forma ex-aequa, a la pareja de interpretes masculinos, cuyos personajes dan título al film.

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Abrahamson pone al espectador en la piel de Jack mediante la voz en off del niño y usando en varias ocasiones la cámara subjetiva para que veamos lo mismo que ve él. Así mismo, durante todo el metraje en el que se nos muestra el encierro a que están sometidos el niño y la madre, la cámara no sale del recinto por lo que el espectador comparte con ellos el mismo nivel de conocimiento de lo que sucede.

Tiene mucho mérito el trabajo del director irlandés, sobre todo en la primera parte, en la que consigue infinidad de posiciones y ángulos de cámara en un espacio muy reducido y ocupado. Así mismo, como ya he comentado, su labor con los intérpretes protagonistas es sencillamente maravillosa.

Para terminar, sólo me resta recomendar fervientemente el visionado del film, el cual nos muestra una historia dura, por desgracia real y cuyas ramificaciones se extienden más allá de la madre y el niño protagonista. “La habitación” es una película que transmite emoción a raudales sin caer en el melodrama y que logra que el espectador se meta en la piel de ese niño cuya vida cambia por completo de un día para otro.

Gabriel Menéndez Piñera

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