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Z. La ciudad perdida

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Si hay en la actualidad algún heredero de los directores clásicos norteamericanos, cuyo último exponente es el honorable Clint Eastwood, éste es James Gray. Su carrera hasta la fecha ya nos lo había demostrado y con su último film “Z. La ciudad perdida” (“The lost city of Z”, 2016) no hace más que confirmar este extremo. Gray ha conseguido mezclar el cine de aventuras con el drama familiar y existencialista, amasando una película que seguramente será lo mejor que nos llegue del continente norteamericano en este año 2017.

Percy Fawcett (Charlie Hunnam) es un militar inglés al que la Sociedad Geográfica Británica le encarga elaborar un mapa de la frontera entre Brasil y Bolivia. Para ayudarle en su misión le acompañará el avezado Henry Costin (Robert Pattison). Durante dicha expedición Fawcett encuentra restos de lo que pudo ser una antigua ciudad perdida en el Amazonas y a partir de entonces su vida se concentrará en encontrar dicha ciudad perdida, con los consiguientes reparos, tanto por parte de sus colegas, como por parte de su esposa (Sienna Miller) e hijos.

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La película nos recuerda a otro cine de aventuras diferente al que por desgracia nos han acostumbrado en los últimos años. Aquí no hay proezas sobrehumanas, ni escenas de acción cada cinco minutos. Lo que se nos muestra es la vida extraordinaria de una persona real, un esposo y padre al que una quimera transforma su vida de tal forma que él mismo sabe que su mente no descansará hasta haber hecho todo lo posible por realizarla.

El guión está firmado por el propio James Gray y está basado en el libro del mismo título escrito en 2009 por David Grann. El mismo se centra, como es natural, en el personaje interpretado por Charlie Hunnam dejando quizás demasiado de lado a otros personajes como su esposa o su compañero de fatigas por la selva. También encontramos algunas escenas que nos dan excesivas pistas sobre lo que va a acontecer posteriormente en la película.Su mayor virtud reside, por otra parte, en saber mezclar de forma magistral la parte aventurera de la vida de Fawcett con la vida familiar y profesional que, como a todo ser humano real, constituye lo más importante de su vida.

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En cuanto al reparto, quizá sea lo más  flojo del film. Charlie Hunnam nos recuerda constantemente a Brad Pitt en su época más joven, en un papel que parecía hecho a la medida del astro norteamericano, quen finalmente se limitó a producir la película. Sienna Miller, como la esposa de Fawcett tampoco llega a convencer demasiado con su actuación aunque poco más se puede esperar de esta actriz. La verdadera sorpresa de la película en el terreno actoral es Robert Pattison, el cual realiza un trabajo muy superior a todo lo que ha realizado hasta la fecha (algo que tampoco era muy difícil). Esperemos que no sea un espejismo y este todavía joven actor pueda seguir creciendo.

La estrella del film es sin duda James Gray el cual, como dije al principio, continúa alimentando una carrera como director que nos recuerda a los grandes directores clásicos norteamericanos. Tanto la puesta en escena, como el tratamiento naturalista de las imágenes o el realismo a la hora de plasmar las escenas en la pantalla nos recuerdan al cine de otra época. Un cine sin prisas, en el que todo fluye a un ritmo más pausado que un anuncio de televisión o un videojuego. Un cine en el que no se busca impactar al espectador cada poco, si no contar una historia de la forma más bella posible y sin renunciar a la verosimilitud en pro del espectáculo.

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La elegancia de James Gray a la hora de dirigir encuentra en “Z. La ciudad perdida” su punto culminante hasta la fecha. Tanto las escenas en la selva, o los viajes a través del río son un prodigio de efectividad visual sin pretender deslumbrar. Por otro lado las escenas cotidianas reflejan una naturalidad muy poco vista en el cine actual, acompañando con inusual eficiencia los diferentes viajes vitales afrontados por el protagonista.

Tengo que comentar que durante mi visionado de esta película no podía dejar de pensar en dos films clásicos, ambos firmados por el mismo director. Estoy hablando de “El tesoro de Sierra Madre” (“The treasure of Sierra Madre”, 1948) y de “El hombre que pudo reinar” (“The man who would be king”, 1975) dos de las obras maestras dirigidas por John Huston. En ambas, al igual que en “Z. La ciudad perdida”, las escenas de aventuras se ven supeditadas al conocimiento y evolución de los personajes principales, así como a las consecuencias personales de sus actos.

En definitiva, una gran película a la que estoy seguro que una buena parte del publico le pondrá como pega su ritmo pausado. Sin embargo, aquellos que tengan la paciencia para ver una película que se nos va mostrando poco a poco y sepan reconocer sus muchas virtudes, tendrán su justa recompensa.

Gabriel Menéndez 

 

 

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