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Colossal

colossal cartel

Todo parecía indicar que “Colossal”, el cuarto largometraje del director español Nacho Vigalondo, iba a ser su lanzadera definitiva hacia un nivel superior dentro del status mundial de realizadores cinematográficos. Un gran presupuesto, una gran estrella como Anne Hattaway y todo ello sin perder esa libertad creativa tan demandada por los directores europeos que trabajan en Hollywood. Sin embargo Vigalondo parece haber desaprovechado la oportunidad, al menos no la ha aprovechado del todo. “Colossal” se queda a medio camino de ninguna parte, por un lado recuerda a las películas ochenteras de Amblin Entertaiment (la productora de Steven Spielberg) y por otro, intenta (sólo lo intenta) hablar de temas profundos y más adultos, pero sin llegar más que a rascar la superficie de dichos temas.

Gloria (Anne Hattaway) es una chica en la treintena, sin trabajo y cuyo novio la ha dejado por sus problemas con el alcohol. Por ello, decide volver a su pequeña ciudad natal, donde recuperará a Oscar (Jason Sudekis) un amigo de la infancia, el cual le dará trabajo de camarera en su bar y la ayudará a instalarse. El trabajar en un bar no ayuda a que Gloria se recupere de sus problemas con el alcohol y largas noches bebiendo dan lugar a cortos días durmiendo. Un día tras despertarse con resaca, se entera que un gigantesco monstruo está atacando Seul, pero lo verdaderamente impactante es cuando ve por televisión que muchos gestos y movimientos del monstruo se parecen demasiado a gestos propios de ella misma.

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Si por algo destaca “Colossal” es por la extraña mezcla de géneros a los que pertenece. Vigalondo ha cogido la comedia romántica, la fusiona con el género Kaiju (término que se usa para nombrar a los monstruos en Japón) y la espolvorea con unos granitos de drama social. Todo ello constituye un plato muy cool, pero con muy poca sustancia, algo para picar, pero que tampoco te deja con ganas de repetir.

Respecto a los actores, sólo Anne Hattaway merece ser destacada. Esta actriz, a la que últimamente vemos en papeles inferiores a su talento, despliega todo su arsenal en un personaje que, a pesar de  ser un desastre total, apetece adoptar y cuidar porque te hace ver que, tras todas sus debilidades, reside un espíritu fuerte y noble. Sin embargo su labor, no es suficiente para mejorar las pobres frases que, en algunos momentos, dice su personaje.

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Dichas frases, así como el resto del guión son obra del propio Vigalondo, en su doble faceta de director-guionista. El libreto destaca por la manera de fusionar algo tan grande como es el ataque de un monstruo a una gran ciudad con algo tan diminuto como es una chica de 30 años y sus problemas personales. Esa es su gran baza y quizás la única, aparte de alguna que otra frase graciosa y de mostrar lo justo al monstruo. Lo peor del guión es su uso tramposo de una escena que pasó hace tiempo y que se nos va desvelando por partes (no soporto esa manera tan falsa de intentar sorprender al espectador) y su falta de profundidad en los personajes principales.

Respecto a la labor de Vigalondo como director, no sabría decir si esta película es un paso adelante o hacia atrás en su carrera. Es mejor que “Open windows” (2014), la cual tiene alguna virtud y demasiados defectos, pero yo me sigo quedando con “Extraterrestre” (2011). Esta última, hecha con un presupuesto ínfimo, tiene bastantes temas comunes con “Colossal” y al ser una obra menor se le perdonan mucho mejor los defectos (que también los tiene) y se celebran mucho más sus virtudes (quizás más numerosas que las de “Colossal”).

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Esta claro que Vigalondo sabe dirigir y tiene mucho talento, pero creo (en mi humilde opinión) que le falta encontrar una historia lo suficientemente buena, para que no se vaya diluyendo a lo largo del metraje. Porque si escribes historias cinematográficas de género y tu trabajo como director, aún siendo bueno, no destaca especialmente por su originalidad, las historias tienen que apoyar durante más tiempo al resto de componentes que forman la película. Por desgracia, ésto no sucede con las historias de Nacho Vigalondo, al menos de momento, más bien al contrario, siempre parece que no sabe acabar sus películas de un modo coherente.

En definitiva, se trata de una película a la que se le puede dar una oportunidad, pero que no deja poso en el espectador. Algo que en verano a veces es de agradecer, pero siempre que lo que se nos ofrezca sea lo suficientemente entretenido como para que el espectador pase un buen rato, lo cual no se cumple tampoco en este caso. De todas formas, no pierdo la esperanza en este director que creo que algún día sí que nos sorprenderá con una obra mayor en todos los aspectos.

Gabriel Menéndez Piñera

 

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